
Cuando yo realizo una consulta centrada en la persona, tengo objetivos muy claros. Hago algunas cosas muy conscientemente y dejo de hacer otras. Es una actividad muy disciplinada, solo que estos objetivos son sobre mí mismo, y no sobre cómo debería ser el cliente.
En la consulta, tengo objetivos muy claros para mí mismo: quiero hacer tres cosas simultáneamente a nivel interno, y hacerlas lo mejor y más continuamente posible. Primero, mantener la conciencia de mí mismo, darme cuenta de cómo soy realmente en este momento y permitirme ser tal como soy, incluidas las partes buenas y las malas. Segundo, tratar de respetar y aceptar al cliente incondicionalmente; y cuando no lo hago bien, ser consciente de ello y no castigarme. Tercero, sobre la base de los dos puntos anteriores, tratar de comprender al otro tanto como sea posible desde la perspectiva del cliente, sin perder la conciencia de mí mismo.
Trabajo muy seriamente de acuerdo con estos objetivos. Cuando digo 'sin objetivos para el cliente', me refiero a que el cliente puede ser de cualquier manera. El cliente no tiene absolutamente ninguna obligación de 'portarse bien', y mucho menos la obligación de querer 'autorrealizarse'. El cliente no tiene ninguna obligación. Si el comportamiento del cliente me resulta insoportable o me hace sentir amenazado, como persona real, necesito darme cuenta de ello y reaccionar como una persona real. Al reaccionar, consideraré las necesidades del cliente en la medida de mis posibilidades, pero no me sacrificaré sin límites por el cliente.